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Habría sido el 6 de este mes, el 23 u otro mes antes o después de noviembre; es decir, cualquier día del año señalándolo o no, pero será siempre lo que nos felicitará por poseer lo que nos place y enorgullece al sentir, crear, bailar y cantar nuestra canción ayacuchana. El folklor de nuestra tierra, es emblema de nuestros sentimientos y bandera de nuestra identidad. Todos los días renace, limpia, nueva y original. Todos cantamos... La comunicadora Sra. PILAR ROJAS GUTIÉRREZ, es quien escribe este reportaje con mejor entendimiento y estudio.
Alberto Llanos.
DIA DE LA CANCIÓN AYACUCHANA
Pilar Rojas Gutiérrez
De existir un sello ineludible dentro del dinamismo folklórico ayacuchano, indudablemente su música es una clara muestra de su herencia cultural.
Si se habla de música quien mejor que José María Arguedas para resumir el arte que nació y que formó parte de la tradición musical huamanguina, en los siguientes párrafos:
“La clase señorial de Huamanga era famosa no sólo por su virtuosismo en el arte de la guitarra sino por su talento en la composición de la letra y la música de los huaynos.
En este arte se manifestaba con elocuencia extraordinaria el grado de influencia que la lengua y la música quechuas habían adquirido, con los siglos, en la cultura de la alta clase señorial de Huamanga, los terratenientes se quejaban de que sus hijos habían aprendido mucho más a tocar guitarra que las letras y las ciencias en el Colegio Nacional de Huamanga al que enviaban a sus hijos.
Las serenatas huamanguinas y el estilo de los huaynos con que se rendía homenaje y se enamoraba a las muchachas, en las noches y madrugadas, eran justamente célebres por su belleza y el ingenio admirable con que se engarza en la letra el quechua y el castellano. Este tipo de arte de las clases dominantes, durante la colonia y los primeros cien años de la república confirió el prestigio al quechua y a la música mestiza”.
Entre los más famosos guitarristas huamanguinos que dieron fama a la música mestiza ayacuchana recordamos a: don Juan Alatrista, notable cantor y músico ayacuchano quien le escribió la música y cantó el wayno escrito por don Remigio Jáuregui: “Chullalla sarachamanta, chullalla trigochamanta mikuq masichallay maypiñataq kanki...”
Otros distinguidos músicos fueron don Tomás Balbín de quien se dice que fue el autor del estelar “Adiós Pueblo de Ayacucho” e Inocencio Negri, más conocido como “Orqo Chupi”. También, don Francisco Mavila, distinguido notario huamanguino, quien interpretaba los instrumentos de cuerda leyendo el pentagrama; quienes interpretaban los instrumentos de escuela fueron Arturo “Chipi” Prado, Manuel González “Gonzalito” y Fortunato “Taca” Alvarado.
Lo mismo lo hicieron el trovador “Ñausa” Lucho, Manuel “Kunka” Ugarte, Hildauro “Buenmozo” Gutiérrez, Leopoldo Lara “Lipo”, el “Chino” Ruiz de Castilla y el “Chapla” Munaylla. ¿Y a quiénes lo envidiaban? A Ernesto Ríos Pantoja, “Makloro”, recordado músico y deportista quien dirigió por muchos años la Estudiantina Municipal; el roba corazones Antonio Sonqo Sua y, al canto con sentimiento del canta-autor el muy llorado extinto Miguel Mansilla Guevara.
La historia de Ayacucho se hizo siempre con el sonido de un instrumento de cuerda y de viento, básicamente pero con genialidad. Uno de los pilares de la música ayacuchana fue Moisés Vivanco Allende como lo fue Víctor Navarro del Aguila y el gran estudioso del folklore, don Telésforo Felices Cabrera.
Como no recordar entonces a don Saturnino Almonacid, quien formó muchas agrupaciones musicales y publicó cancioneros y una recopilación del carnaval ayacuchano; a Gregorio y Carlos Medina Robles, compositores de la música huamanguina y al Prof. Alejandro Límaco Tupia.
No un día sino toda la vida, hay que rendir homenaje al insigne Dr. Raúl García Zárate, gran maestro y genial en la ejecución de la guitarra ayacuchana. Este excepcional solista sigue regalándonos muchos lauros no sólo a los ayacuchanos sino a todos los peruanos y desparramando nuestras notas al mundo entero.
Son muchos más los instrumentistas, compositores y cantores de la canción ayacuchana que debemos homenajear como Ernesto Camassi, Carlos Falconí, Manuelcha Prado, Ranulfo Fuentes, Ayllu Sulca, Arturo Mendieta Pozo y nuestro entrañable Walter Vidal García, quien acaba de dejar un enorme vacío en los corazones y espacio musical ayacuchanos…
En la canción ayacuchana así como en la nueva pléyade de cantores y compositores, se continúa dinámica y sólida esta expresión que vino del pueblo y regresa a él. Es la tradición de un pueblo que sabe comunicar los sentimientos e ideales y que sabe y desea expresarse a través de su música, renovándola una y otra vez, para que sea tocada y cantada por todos. Esta historia de Ayacucho, felizmente, no tiene fin.
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